Las condiciones especiales de la zona del sur de
Extremadura, poca profundidad y fertilidad del suelo hacen que la ”Real Dehesa
de la Serena” (extensas dehesas, serranías y grandes superficies de pastizales
de secano) proporcione pastos únicos que alimentan al ganado ovino merino.
En el libro 'Viaje a La Serena' de 1791 de D. Antonio
Agundez Fernández, sobre la comarca de La Serena, sacada de unos manuscritos
del Magistrado Cubeles, en el que entre otras figura la siguiente alusión: ' Famoso
por el sabor y buena hechura es el queso que se hace con la leche de sus
ovejas, cuya arroba se vende a 60 reales'. En las ordenanzas del siglo XVI y
XVII para Cabeza del Buey, se habla del diezmo del queso y de la primicia a la
Iglesia Parroquial, ya que el dueño del ganado, la primera vez que ordeñaba
para hacer queso, todos los que hicieran de ese ordeño, los debían de primicia,
llevar a los curas a la Iglesia Parroquial de la villa.
Es difícil determinar con exactitud cuándo empezó a
elaborarse este queso seguramente fue descubierta por
diversas comunidades al mismo tiempo. Las ovejas fueron domesticadas hace
12.000 años y en antiguo Egipto se cuidaban vacas y se les ordeñaban para tener
la leche, por lo que es lógico pensar que también harían quesos. La leche se
conservaba en recipientes de piel, cerámica porosa o madera, pero como era
difícil mantenerlos limpios, la leche fermentaba con rapidez. El siguiente paso
fue el de extraer el suero de la cuajada para elaborar algún tipo de queso
fresco, sin cuajo, de sabor fuerte y ácido. Cuenta la leyenda que un pastor
árabe volvía a su morada con la leche de las ovejas dentro de una bolsa hecha
con la tripa de uno de sus corderos y que después de caminar a pleno sol, al
abrir la bolsa la leche estaba cuajada, sólida, hecha queso.
Los romanos lo incluían en su dieta condimentándolo con
tomillo, pimienta, piñones y otros frutos secos, cuando sus soldados se
asentaban en un campamento, elaboraban queso. Toda la antigüedad estaba plagada
de alusiones al queso fresco, cuajado. En la antigua Grecia no se comía sólo
sino mezclado con harina, miel, aceite, pasas y almendras y se encuentra en
recetas antiguas de platos y postres muy preciados.
El nombre del producto proviene de la palabra griega fornos
así se llamaba el cesto para los quesos y de ella derivan el fromage francés, fortmatge
catalán y el formaggio italiano, y la palabra latina caseus de donde proviene
el queso español, el cheese anglosajón y la caseina principal albumninoide de
la leche y del queso.
En la Edad Media, la órdenes religiosas se convirtieron en
importantes zonas de actividad agrícola y el queso adquirió importancia durante
los muchos días de ayuno en los que se prohibía comer carne, por lo que se
crearon diferentes tipos de queso, así aportaban variedad a su limitada dieta.
Con el auge del comercio y el aumento de la población
urbana, el queso se convirtió en producto importante para la economía, empezó a
comercializarse con queso, fuera de las zonas de producción y más allá de las
fronteras y cuando se colonizó el Nuevo Mundo, se llevaron sus tradiciones queseras.
Al principio se utilizaba leche cruda, pero en la década de
1850 el microbiólogo Louis Pasteur descubrió la pasteurización, que cambió el
proceso de elaboración del queso. Empezó a mezclarse leche de distinta
procedencia y distintos rebaños para obtener un producto homogéneo y disminuyó
considerablemente el riesgo de aparición de organismos que pudieran estropear
el proceso.
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